lunes, 16 de mayo de 2011

Volvemos al Rei Loiue

El viernes 6 de mayo inauguramos la temporada veraniega de conciertos en nuestro sitio más familiar, donde dimos el primer concierto hace unos años y volvemos con frecuencia: Tocamos un repertorio muy rockero con gran éxito de pública y crítica (de algún entendido que no había venido nunca a vernos). Nos vemos en Cats el 11 de junio. Un abrazo! Javier

domingo, 8 de mayo de 2011

La peluquería de ZZ Top

La semana pasada decidí que ya no podía tardar más en cortarme el pelo. Voy a una peluquería al lado de casa de mis padres, desde hace treinta y ocho años, cuando de niño me llevó mi madre.
Me cogió el teléfono una voz desconocida: "Mariano no está ya, se ha jubilado hace dos meses"... "y sus dos compañeros?"... "también"... "pero si eran más jóvenes!"..." bueno el más joven ya tenía 64..."
De pronto mi peluquero de toda mi vida se ha jubilado! Durante años mi madre siempre sabía si me había pelado Mariano y desaprobaba rotundamente cuando otro artesano, a tijera o a navaja, atacaba mi cabeza. Cuando una vez en un Ministerio donde estaba de asesor se me ocurrió cortarme el pelo me miro y dijo: "pareces ... un funcionario" (no se muy bien porque decía eso; mi padre lo es).
En fin, vivo ahora en el vértigo de la libertad total de elección. Al lado de la oficina hay unos cuantos (incluso el famoso Ruper, aunque no me veo como su público objetivo) ... La oferta ilimitada me lleva a la desidia que, me temo, puede desembocar en el desaliño indumentario. La decisión, por difícil no deja de ser más urgente.
En fin, en la indecisión me veo como los ZZ Top... Además tendré que buscar uno nuevo al que le queden de profesión otros 38 años por lo menos y se le ocurra dejarme en la estacada por una jubilación precipitada.
Entre las canciones dedicadas a su peluquero (aparte de una de Morrissey que alguna vez recordaremos), los ZZ Top han hecho una a su peluquera que seguramente o ha abandonado la profesión o se ha jubilado esperándoles. Por cierto que estos tres (Billy. guitarra y voz, Dusty bajo y voz, y Frank, batería) de Texas deben tener la edad de mis ex-peluqueros porque llevan más de cuarenta años tocando juntos, pero éstos no se jubilan!
Con unos catorce años fui al Corte ingles a comprarme un disco de Frank Zappa (unos amigos me llamaban asi en el cole y ardía de ganas de saber a que sonaba ... luego lo descubrí y tuve sensaciones encontradas) pero al final en el cajón de discos sólo encontré uno live que se llamaba Fandango! de estos ZZ Top, que me pareció suficientemente roquero... y tanto.
Luego han hecho muchos discos con su inconfundible riff de guitarra polvoriento y sureño. En los ochenta -especialmente Eliminator de 1983- sacaron algunos hits con videos de coches y chicas guapas y sexis (justo lo contrario que ellos) La canción del video es Give it up, del recicler, del 90.
Siguen de gira y alguna vez habrá que verlos!!

miércoles, 4 de mayo de 2011

De tumbos en Italia por un santo, Azurro!





AZZURRO - Adriano Celentano 1968


La ocasión era única: el personaje a venerar nos ha acompañado durante nuestra vida; cuando lo eligieron estaba yo en Cambridge en mis 17… y ha llegado casi hasta hoy. Ese verano, cuando un amigo contó que había muerto el Papa y le contestamos que ya lo sabíamos, que se había muerto hacía un mes, … contesto: que no! que no!, que se ha vuelto a morir otra vez!
Luego tantos y tantos viajes, tantas emociones, aplausos y canciones. El cambio del mundo como lo habíamos conocido hasta el momento… con una especial predilección por nosotros, tantas veces en Madrid, y en Santiago, Sevilla, Zaragoza,… también en Lisboa.
El miércoles llegamos a entrever Pisa, además de ver su torre, catedral y batisterio, y nos asomamos a Florencia desde el mirador de Miguel Angel. Con Alejandro cojo y a cuestas y vaya cuestas. En la pizzeria de don quijote nos trataron como buenos amigos y repetimos al dia siguiente. Algunos subimos los 414 escalones de la torre del Duomo y callejeamos hasta el puente Vequio, pasando por el mercadillo –el cinturón que me compré se me ha roto al quitarmelo!-. Cristiano -no Ronaldo, aunque buen futbolista, según él-, un franciscano rumano, nos hizo una emocionante visita privada a la Iglesia de la Santa Cruz, que se empezó a construir un tres de mayo de hace más de 700 años, con todos sus monumentos funerarios (Galileo, Rosini, Miguel Angel, Maquiavelo…), sus historias, sus murales, la capilla Pozzi y los muchos recuerdos de la inundación de Florencia del 66. Tanta emoción que entendimos perfectamente el sindrome de Stendhal que enfermó ante la majestuosidad y la belleza del monumento, como cuenta el mismo en su libro de viajes por la Toscana. Al volver sobre las dos de la mañana, de nuestro paseo nocturno por la Signoria y el rio Arno, con karaoke incluido, una pareja en bici de la mano cantaba el gran Azurro del Celentano, un himno donde los haya. Azzurro, il pomeriggio è troppo azzurro e lungo per me .... ahora me doy cuenta de que no tengo remedio sin ti, que gran colofón.
El duomo de Siena es la iglesia que HAY que ver, y mejor si además jarrea afuera. Sorpresa y algo de susto, más que devoción, es lo que sentimos ante la cabeza en una urna de Santa Catalina en el dia de su fiesta, con el obispo de Bilbao al lado, "Aupa Athletic!".
Y después, San Giminiano, un cuento de hadas medieval, el funicular, patrocinado por Sanz A. abogados, que nos llevó arriba a Certaldo, las cuestas de Montepulciano y su pasta, tan celebrada por los niños que repitieron todos, y por fin Roma, aunque más que por la antigua y eterna entramos por la rancia.
Por fin llegamos al Circo Máximo, que fue lo máximo que pudimos acercarnos. En fin, callejeo vespertino, el panteón con su cúpula y la Piazza Navona, que también fue un estadio en la época del Panteón. Pasta exquisita para romanos y vuelta a la estación Termini, donde casi terminan con nosotros después de una hora de esperar cuando supimos que como era el dia del laboro, a partir de las 9, ningún autobús iba a laborar. En eso en mitad de esa plaza, repetimos la película Pajaros con nosotros como protagonistas, aunque estos pajarracos eran gaviotas diarreicas con una bendita mala punteria; el fin hubiera sido que acertaran en su bombardeo. Algunas canciones y taxis después estábamos a resguardo por tres horas, en la residencia y a las 3 y media emprendíamos el camino de vuelta al aeropuerto de Pisa, donde aceptaron que el espejo de nuestro coche ya nos lo habían dado roto. Vuelta a Madrid y ensayo para nuestro concierto del viernes.
Las chicas alquilaron un Cinquecento rojo y descapotable que fue símbolo del viaje. Las adolescentes causaron estragos en el personal, que les invitaban a champán y daban promesas de verse en el futuro. En fin, yo no me ví tan distinto al David de Miguel Angel, salvo una mano más pequeña y otra cosa mucho más grande!!
Todo amenazaba lluvia pero yo me lleve el bote de aftersun que casi acabamos. Abrazos Azurro!

martes, 12 de abril de 2011

Poyekhali! Yuri; Space Oddity original video 1969

Hace cincuenta años, el 12 de abril de 1961, la URSS lograba ponerse delante en la carrera especial lanzando a la estratosfera a Yuri Gagarin, el hijo de unos obreros, que el Gobierno eligió para esa misión histórica.

Parece que con las prisas por ser los primeros, las autoridades soviéticas no estaban muy seguras de que el joven Gagarin fuera a volver vivo, pero finalmente se le apareció vivo en Siberia a una campesina que le preguntó si era un extraterrestre, a lo que contestó que si, pero ... un extraterrestre soviético.

Hay muchas historias de Yuri, como que salió gritando Poyekhali, adelante!; y que, al hacer el trayecto alrededor de la tierra, dijo "la Tierra, que hermosa es!", lo que recuerda mucho al relato del Genesis, en el que Dios, después de crear el mundo, reconoce que la creación es muy buena.

Volver vivo volvió, pero nuestro joven Gagarin, a sus 27 años quizás se convirtió en un héroe que triunfó demasiado pronto: Ya nunca volvió al espacio. Estuvo en una gira mundial y al parecer su vida personal se resintió, tuvo problemas con su mujer y el alcohol, y después de prepararse no le dejaron entrar -era un mito- en la nueva nave Soyuz en 1967. Murió al año siguiente con 34 años en un accidente, mientras realizaba un vuelo de entrenamiento.

Valga su recuerdo para traer a este blog Space Oddity, una de las primeras grandes canciones de David Bowie, que aparecía en su disco del mismo nombre de 1969. Es música pop intemporal con ciertas pretensiones del rock sinfónico del momento. Acústicas, coros, efectos y teclados. Se inspiró en la odisea del espacio de Kubrick y menciona por primera vez a major Tom, personaje que a pesar de desaparecer en esa canción, volverá a aparecer con insistencia en sus canciones.

Mucho viaje que recuerda parte de otros "viajes" mucho más peligrosos que David o Lou Reed, con casi todos los demás, protagonizaban por esos años y que terminaron por llevarse por delante a buena parte de los músicos de la época.

Fue reeditada varias veces y en su momento fue la canción que utilizó la BBC para transmitir la llegada a la luna en 1969. Para mi está entre lo más genial de David: el principio “Ground control to major tom, Ground control to major tom … take your protein pills and put your helmet on”, y ese estribillo épico lunático “This is major tom to ground control, Im stepping through the door, and Im floating in a most peculiar way and the stars look very different today” que nos lleva a un cambio de la canción en la que Tom pide que le digan a su mujer que la quiere y la historia … no acaba bien.

Cincuenta años del primer viaje ya... y son nada. Un abrazo Javier

domingo, 10 de abril de 2011

Música para fiestas: Waterloo

Eramos muy chicos, en la antigua EGB, cuando Abba salieron en la tele, en el concurso de Eurovisión de 1974, ese concurso que ahora no entiendo como cada año casi con devoción veíamos todos en casa. Al día siguiente, en el cole estábamos todos revolucionados con su actuación y había división de opiniones... sobre cual nos gustaba más la rubia o la morena; yo claro estaba por la rubia (ya apuntaba maneras, ya después siempre elegí igual). La canción la habían escrito a finales de 1973 precisamente para competir en ese concurso y ademas de ganar arrasó en medio mundo. Para mi es la canción de Abba, la que más gusta; quizás la única que me gusta de verdad.

Esta mañana después de una fiesta en la que he pinchado algo, pero no mucho. He vuelto a escuchar esta que me parece la mejor expresión de canción para una fiesta; bailable, feliz, facilona pero no pueril. Pop digno sueco. La verdad es que cada fiesta es distinta y cada público y además en cada ocasión, exige distinto tipo de música: no es repetible. Lo que fue un superhit el año pasado hoy te vacía la pista: los "llenapistas" no siempre son infalibles. En cualquier caso, pinchar es una afición que exige actualización, con algo de la música del momento, pero sobre todo sobre un estilo que defina lo que quieres pinchar y lo que tus amigos esperan que pongas para bailar. Las fiestas exigen mucha preparación previa; no se puede improvisar; puede ser la diferencia entre una reunión más o menos agradable o un fiestón de los que se recuerdan años después.

De todas maneras hay cosas que hay que poner (salvo imponderables como que la gente se ponga mala o se vayan todos de repente, o haya que quitar la música) y entre esas canciones está Waterloo, en la que la famosa batalla (My my, in Waterloo Napoleon did surrender) sirve para que una chica reconozca que se tiene que rendir al chico. Abrazos, Javier


miércoles, 30 de marzo de 2011

historias de taxis

Los taxis son necesarios, vitales, no podemos vivir sin ellos -como peatones- ni posiblemente con ellos -como conductores. Incluso, como está todo, ya ni siquiera son tan caros.
Esta mañana salía volando de la Bolsa y cogí un taxi que enfiló raudo Alcalá y Velazquez mientras mi conductor ponía a caldo al alcalde y defendía la gestión del anterior, luego seguía ferozmente contra el límite de los ciento diez kilómetros por hora y la voracidad recaudatoria que nos atosiga. A duras penas salí del taxi mientras mi conductor iniciaba un panegírico de una política en activo... por fin pude cerrar su puerta y, a continuación, en los segundos siguientes sentí que me había dejado la blackberry, que es algo así como que te hubieran cortado el cordón umbilical, dentro de mi taxi que huía Velazquez arriba. La subida en el ascensor me sirvió para dedicarme algunas de esas recriminaciones que uno debería reservarse a si mismo. Oh si! Menos mal que me había dado un recibo, que traía el número de licencia! Varias llamadas de teléfono a gremiales del taxi después, por fin, Jose Luis, el taxista, me entregaba la black y el número de su móvil para alguna emergencia, en el mismo sitio en el que me había dejado veinte minutos antes.

Recuerdo que en la esquina de Bailen y Mayor cogí con cierta frecuencia algún taxi y llegué a repetir el mismo por casualidad en un intervalo de unos meses; con la sorpresa de que te digan: yo a usted ya le he llevado!

También me sorprendió que, al decir la dirección de mi destino, el taxista me preguntara si conocía a un primo suyo... que resultaba que estaba y está sentado en un despacho al lado del mío... y me pidiera que le diera recuerdos de su primo Manolón. O encontrar a un antiguo metre experto en cocteles, que te hace instantáneo el trayecto entre el aeropuerto y tu casa. Tanto, que me dio pena despedirme.

Y otro que me llevó después de un dia complicadísimo a Barajas, con el Led Zeppelin IV a todo volumen, que me hizo recuperar la esperanza en el viaje que iba a emprender para hacer el camino de Santiago inglés.

El taxista de hace unos dias tenia en el taxi toda la discografía de Pink Floyd. Aprovechamos para recordar a Roger Waters y sus compinches, y comentar su reciente concierto en Madrid. Aunque estaba empeñado en que Time estaba en The wall, y no quise insistir en el The dark side of the moon.

Nunca se me olvidará el taxista que me acompaño en Iguazú y que se llamaba Hector, que llegó a enseñarme su casa. Había estado trabajando en los ferrocarriles argentinos, se había jubilado y le habían pagado su pensión en patacones, pagaderos seguramente después de que él, su mujer y su hija hubieran muerto...

Visto lo visto y con el fin de no anticipar su muerte por inanición, mi amigo Hector tomó el taxi, y hablando de su hija, me contó lo que más le dolía. Al parecer la mina estaba estudiando para abogado, un trabajo muy digno según me dijo él, pero un boludo la había convencido para estudiar algo así como sociología, se había ido a vivir con ese mismo boludo... y finalmente había abandonado sus estudios, cuyo estipendio, por cierto, había contribuido no poco a la insolvencia actual del antiguo ferroviario... Después de darle un mensaje de esperanza y de no aceptar que me llevara a un lugar muy "exclusivo" para pasar la noche, ofreciendose a esperarme dormitando en el taxi, me dio su tarjeta y quedamos en que si volvía a la Argentina, le llamara desde España para que me pudiera recoger del aeropuerto de Buenos Aires y llevarme de vuelta a Iguazú. Gran tipo.

El habitual de nuestros muchos viajes por Panamá se hizo casi imprescindible. Hasta nos llevó a comprar ropa a un almacén muy popular llamado algo así como Abisinio, donde él hacía sus compras, cuando nos perdieron las maletas en el vuelo. También nos llevó a una playa muy cerca de la capital reservada a la policía y que estaba medio contaminada. En algún momento me presentó a su mujer o novia. Otros por allí pitaban a todas las chicas que pasaban por la calle y te contaban sus ajetreadas vidas amorosas.

En fin, ha habido infinidad de canciones sobre taxis y taxistas, pero quiero recordar en especial esa joyita de Joni Mitchell llamada Big yellow car, de 1970. Gran canción.

Hay también un apartado en mi vida que tiene que ver con alguna disparidad de pareceres con los taxistas en lo que se refiere al tráfico, pero esa parte la dejamos para otra vez, menos agradecida. Un abrazo. Javier

domingo, 20 de marzo de 2011

El fin del mundo en Nueva Zelanda

Mientras estoy empezando a escribir algo más ambicioso, después de estar más o menos en el espacio exterior este fin de semana, y con una dieta de carne cruda y polvo de avena, he encontrado en mi Ipop este single de entrada brutal; se nota que el grupo en realidad esconde a Nick Harte, un batería conocido en la escena de las antípodas y que fue miembro de The Brunettes. Desde luego en estos Schocking pinks la bateria es potente e infalible. Toda una canción para hablar del fin de mundo, en este año que llevamos, que desde luego y aunque se vaya tranquilizando, va a pasar a la historia. Entretanto, indie desde Christchurch, Nueva Zelanda. Me gusta mucho también su single Emily,con el típico rollo sobre una chica. En fin, suenan bastante ochentas (no se si por alli llegan las cosas mas tarde, ... a lo mejor sí, si te fijas en otros grupos como the Datsuns, o los punkorros de Raddle).

Ahora. Si nos ponemos a hablar de New Zealand, deberíamos recordar, en los setenta, a los divertidos, excentricos y por momentos geniales Split Enz (con singles como I got you o History never repeats), del estupendo Tim Finn (y Phil Judd), al que luego se incorporó su hermano pequeño Neil, que terminó formando un grupo de éxito masivo como ha sido Crowded House, conocidísimo hasta en España, que hacía pop más previsible y blandito. El listo de Tim, que luego pasó también por Crowded House, tiene una canción genial después de su salida de Split Enz: Too much friction, con un magnífico paseo para acabar este fantástico domingo de primavera.