miércoles, 15 de septiembre de 2010

asteroides y dinosarios: la vieja historia

El jueves 9 ha sido otro de los largos jueves que dan nombre a este blog. Empezó con dos entrevistas en Intereconomía y acabó muy tarde en el Caripen, lleno de aves nocturnas. Parece que la noticia es que se aproximan dos asteroides a la Tierra. Dicen que los podremos ver con telescopios porque pasarán cerca, pero afortunadamente no tanto. Resulta que tienen más posibilidades de chocarse con la luna que con nosotros. Desde luego, todos esos últimos datos me tranquilizan.

A la vez se publica que se ha descubierto en Segovia el primer dinosaurio carnívoro y jorobado. No es coincidencia que salgan las dos noticias a la vez: Cuando una roca de esas le dio por empotrarse con la tierra, fue cuando se jorobó del todo el dinosaurio segoviano y se murieron todos los pobres dinosaurios, segovianos o no. Parece que sólo se quedaron las ratas. En fin, no se lo que quedaría de nosotros (bueno ratas hay muchas y algunas no viven en alcantarillas precisamente).

Ahora también un Observatorio de Tel Aviv dice que los asteroides no son los típicos piedrolos gigantes de las películas: Nada de eso, no son una sola roca, sino grupos de piedras mucho más pequeñas, unidas por la gravedad. En fin que se concluye que si nos da uno de esos sería como si nos lanzaran una ráfaga de ametralladora en vez de un bombazo. La verdad es que no veo tanta diferencia, parece que de las dos formas la cosa sería bastante mortal.

Otra noticia es que en 2182 parece seguro que nos van a caer encima dos de esos: no es que desde este blog no seamos solidarios con las generaciones futuras, pero la noticia no me ha afectado tanto. Además predicciones catastróficas hay para casi todos los años y... aquí seguimos.

Total, también la noticia aclara que para desviarlo habría que empezar a trabajar 50 años antes de que lleguen. Aqui ya es cuando me entra una desmotivación total y se me quitan las pocas ganas que tenía de prepararme para el meteoro. En fin, que hasta el 2132 los nietos de nuestros nietos, o así, no tendrán que esforzase mucho en el tema.

Este es un blog de música: seguiré hablando de The meteors o los Georgia Satellites o unos cuantos grupos más con intenciones más o menos espaciales. Abrazos.


martes, 7 de septiembre de 2010

My generation en vena


Loquillo ha publicado un artículo sobre el mundial de baloncesto en el que nuestra selección, que es siempre favorita para llegar a la final, se había ido complicando la vida hasta tener difícil salir airosa del lío en que se había metido ella sola. Eso de meterse en líos uno solo, no es exclusivo de la selección, algunos tenemos ya alguna experiencia en eso, pero afortunadamente ese no es el tema de este post.

Habrá que hablar alguna vez de Loquillo porque, aunque vaya de normal y no de estrella, tiene una de las mejores colecciones de canciones de nuestro rock. Recomienda “una buena banda sonora … para alejar el mal rollo”: por una vez estoy de acuerdo en que la ocasión impone pasar de los Beatles (sobre todo, como dice él, del All you need is love) y machacar sin piedad con los Who. Se han acabado las contemplaciones: My generation. Esta canción da título al primer disco de los Who y salió como single el 29 de octubre de 1965, hace la friolera de cuarenta y cinco años. Era una revolución por la forma de cantar, distorsionar la guitarra y de meter una endiablada línea de bajo con la batería demente de Moon. Eran una panda de gamberros adelantando por la escuadra a los Stones o a los Beatles.

Pete Townshend, que escribió la canción en uno de esos trenes de cercanías, parece que se inspiró en un episodio protagonizado por la reina madre, que le sirve para hablar de la dificultad de tener un sitio en la sociedad. De alguna forma supone la radicalización del Rhythm and Blues americano, con el primer sonido punk, que mantendrá su influencia en el tiempo. Contiene uno de los primeros solos de bajo y una forma singular de cantar en la que Roger casi escupe la estrofa y los demás le contestan con el coro (People try to put us d-down (Talkin' 'bout my generation); Just because we g-g-get around (Talkin' 'bout my generation); Things they do look awful c-c-cold (Talkin' 'bout my generation); I hope I die before I get old (Talkin' 'bout my generation). En fin, espero morir antes de ser viejo; las viejas consignas de no quiero morir idiota, o quiero morir antes de los 30, que tanto proliferaron en el 68.

Está en mi top ten. También es verdad que si uno cuenta las canciones que están en su top ten, siempre salen varias decenas y además ese top ten depende del día y de la hora y del tiempo y de donde estés. De todas maneras, ésta es de las fijas en ese top ten. Hace años, terminábamos nuestras fiestas rompiendo los adornos y el decorado puesto con esta canción.

En fin, sea por The Who o por lo que sea, parece que nuestra selección ha recobrado su pulso y su acierto. Abrazos

sábado, 4 de septiembre de 2010

Samos y Sarria y el bebe peregrino


Hoy, segundo y último dia, me levanto con ganas. La ducha aquí si cumple todos los requisitos de higiene e intensidad y me siento reconfortado. Aunque ya me conozco, no me hace gracia descubrir que se me olvidó poner a cargar la blackberry y decido dejarla enchufada mientras desayuno en el meson de enfrente, bastante mejor que ayer. Hago algo de tiempo para tener la Black en funcionamiento. Prefiero retrasarme unos minutos más; la experiencia del agosto pasado en el camino inglés, sin movil, a treinta y tantos grados, con sensación de desvalimiento, pánico al famoso golpe de calor –que me hizo tumbarme a ratos entre la maleza- y perdido sin rastro de gente ni civilización en unos cuantos kilómetros por delante, me hizo convencerme que no se sale sin el movil operativo. Los pies están bastante bien y no hay indicios de ningún principio de ampolla (las ampollas, como casi todo, se anuncian, aunque entonces ya no tienen remedio). A pesar de la caminata de ayer no estoy cansado. En el desayuno reafirmo mi primera idea de seguir por San Xil directo a Sarria, evitando la carretera, y pasar por Samos a la vuelta a Vega de Varcarce.

Son casi las ocho y media. La mañana es clara y no hace calor. Se camina rápido. La ruta sigue agradable y andarina. Me empiezo a encontrar peregrinos, con paso alegre, como siempre en las primeras horas, pero menos numerosos que ayer. Hay muchos que al final de Triacastella han tomado la salida a la izquierda para continuar por el trazado que pasa por Samos. Voy por un camino más amplio, aunque, a medida que te internas en el bosque gallego, se hacen más frecuentes y largos, los corredores de árboles, helechos y maleza entremezclados con las rocas. Te invade una especie de optimismo ensoñador. Estás en mitad de un cuento de hadas y te esperas encontrar en cualquier recodo, elfos, enanos, brujas o magos. De hecho, no me extraña cuando me topo con un cartel escrito a mano por The Alchemist que nos invita, en inglés y en castellano, a vivir la experiencia única y mágica del cristal vivo. Hay que apartarse algo del camino para vivir esa experiencia y no estamos para más excursiones que las justas, que hoy no incluyen las que llevan al mundo de la alquimia.

Después de pasar San Xil, llego al Alto de Riocabo y de allí el camino comienza a bajar. Por ahora más que caminantes he encontrado vacas, que pastan tranquilas sin prestarnos mucha atención. En cambio, yo si tengo que prestarles algo de atención. Bajo rápido por un pasillo estrecho, y a mi izquierda de repente una, en mitad de su desayuno, me estampa de pronto la parte posterior de su cuerpo. Me paro en seco y aprovecho para fotografiar a esta vaca ensimismada. En esto aparece una pareja de ciclistas, simpáticos y cansados por la bajada llena de obstáculos, raices y rocas, y ella cuenta que se ha comprado la bici hace dos semanas. Rodrigo, que es él, dice que es su bautismo de fuego pero que por ahora se está portando bien. Nos hacemos unas fotos con las vacas, despistadas aunque solemnes, y les veo perderse por el bosque.

El camino es personal y por eso mismo está plagado de declaraciones y mensajes personales. “En este punto del camino sufrimos un accidente el 2 del 7 de 2009. Queremos agradecer a los peregrinos que nos ayudaron con amor y calor (3-8-2010) Vicky y Julia”. Es la solidaridad del camino, de la que te encuentras muestras a cada paso. Ahora la ruta se abre y tengo una amplia perspectiva del paisaje iluminado por el sol que acompaña hoy también, con luz pero sin sofoco, como sin querer hacerse notar más de la cuenta. Cruzo una carretera y me encuentro con tres muchachas alemanas que llevan un MP4 en el que ponen el Saturday night y se ponen a bailar el baile de la canción, que fue tan famoso hace unos años. Yo me pongo a bailar con ellas un rato mientras seguimos andando. Nos despedimos con risas y las dejo atrás. Sobre las 10 y media llego a Casa do Franco, en Furela. Debo llevar algo más de diez kilómetros y dudo si seguir, pero el sitio está muy animado y tiene la mejor pinta. Aún mejor es la pinta de los bocadillos humeantes de jamón ibérico con tomate king-size, que salen marchando de la cocina. Se disiparon las dudas; es el sitio donde parar. Saludo al grupo de peregrinos y dos chicas de Albacete, que encontré ayer en la misa multicultural y en la cena de después, me dejan un asiento en su mesa. Unos cuantos perros sueltos las incomodan antes de que me ponga en marcha. Voy a buen ritmo y, en seguida, alcanzo un claro con una vista panorámica de Sarria, que con mucho es la población más importante de mi escapada. Llego a la oficina de información turística, cerca de la estación de tren que tiene un aspecto cotidiano y doméstico, muy distinto al misterioso que hasta ahora le habia conocido en la bruma de la madrugada. Mientras pido un taxi en la oficina, entra una pareja joven de ingleses que busca alojamiento, con dos carritos de bebé de tres ruedas. En uno llevan lógicamente una mochila, pero sorprendentemente del otro sacan un niño, de quince meses, como me cuenta su madre. “The youngest pilgrim”.

Son algo más de las doce y media y doy por concluido –interrumpido- el camino por ahora. Mi taxista Luis ha sido camionero y conoce toda España. Aunque llego a Samos sobre la una menos cuarto y el horario de visita es hasta la una, me dicen que el último grupo de visitantes ya ha salido y que ya veré los claustros en una tarde, que no será la de hoy, en otra ocasión, que no sabemos si llegara, o, quien sabe! en la otra vida. Abren la Iglesia, barroca y amplia, para una boda y aprovecho a echar una mirada. Después de tanta expectación, me parece que tampoco es San Pedro. De todas formas el conjunto es monumental. Fue fundado en el siglo sexto y ha sido incendiado y reconstruido al menos dos veces. La última en el siglo pasado. Tiene por tanto un aspecto nuevo y cuidado que despista de la talla histórica del sitio.


Al lado hay una ermita del siglo X, pegada a un río con puentes y miradores. Al parecer también debería estar abierta según el cartel pero no hay suerte. Miro por un ventanuco a la figura medieval que hay en el injerior; parece que el interior resulta menos interesante que el exterior; lo que pasa mucho con bastantes iglesias, muchos edificios y, lamentablemente, demasiadas personas.

El paisaje es espectacular. Se esta tan bien que entiendo que los peregrinos se desvíen para parar a pernoctar aquí.

Vuelvo a Vega de Valcarce donde me espera mi coche, que sigue en el mismo sitio y con el mismo aspecto, y el mismísimo Señor Fernandez asomado a una ventana de su pensión. Me despido y le hago una foto. Vuelvo al mismo sitio donde cené, me atiende la misma mesonera que me ofrece la carne de ternera asada que está aun mejor que la otra noche. Hace un sol espléndido en la terraza del mesón. A las tres salgo para Madrid, después de comprar algo de vino del Bierzo, membrillo, castañas y nueces. Vuelvo eufórico y agradecido. Javier

viernes, 20 de agosto de 2010

Buen camino a tutti!!

Me despido de O'Cebreiro y siento el mismo viento de antes, con lo que me paro a ponerme todas las camisetas que tengo, aunque el sol sigue en todo lo alto. El paisaje sigue siendo espectacular en la bajada. Llego aLiñares a tres kilómetros y me alegro de no parar en el hostal aunque por cierto tiene buena pinta. Alli me acompaña una alemana que es cocinera de un restaurante de alto nivel en Frankfurt y que me cuenta que ha dejado su trabajo y a su marido con dos niños para pasarse caminando 17 días. Venia con una amiga que en Burgos la dejo para cogerse un autobús mientras ella viene andando desde alli, con un pie cojo. Me dice que camina con la cabeza, que es mas fuerte que los pies. Alanzamos a subir al alto de San Roque, con la escultura del santo y parece que bajamos algo para tomar impulso para la ultima subida, también dura aunque corta, para llegar al Alto del Poio, sobre los 1400 metros de altura, donde llegas a la carretera otra vez y hay un bar muy concurrido, al menos por unas cuantas parejas de andaluces a los que saludo, después de despedirme de nuestra cocinera alemana que no sigue mi ritmo.

Empiezo a bajar, lo que al principio se agradece pero luego no tanto, sobre todo cuando la bajada es más y más pronunciada. Se nota un repentino pero muy rotundo cambio de escenario, de los paisajes inmensos pasamos a los caminos secretos sepultados entre las rocas, los helechos y los árboles que forman pasillos ensoñadores, que cambian de color según se cuela la luz entre las hojas. A veces se abre como un balcón donde echar una mirada al paisaje de prados y montes. A la vez empieza a hacer algo de calor: me propongo seguir caminando hasta las tres o tres y media pero antes de llegar a Fonfria, se suceden carteles anunciando el último bar al final del pueblo. Paso todo el pueblo y no me fijo en los locales anteriores pero finalmente llego a Casa de Lucas, lo que me hace confiar que un buen amigo mío la regente. Aunque me cercioro de que no hay ningún de Lucas de mis amigos entre los parroquianos, pero, a estas alturas, ya no hay quien se vuelva al camino. Me atiende una señora que me sirve una ración de aceptable pulpo y un vaso de vino. Nos saludamos todos; en una mesa una joven pareja de alemanes y, en otra, un matrimonio ingles con su hija, bastante resultona de unos veinte años, que cuenta, con algun desparpajo, que sus padres han venido a hacer el camino con ella y ver sus progresos en los estudios: de hecho los ingleses preguntan la receta del pulpo a la gallega que se estan comiendo y que, dicen, no les sale igual en casa (si, dijeron eso, si).

Voy un rato con la pareja de alemanes del mesón. El es de padres españoles. En seguida les dejo atrás. La bajada cae en picado se hace mas y mas fuerte y las rodillas y los pies empiezan a cargarse. En un alto con una buena vista, pido a un italiano que me haga una foto y luego me lo pide él y un nuevo italiano se nos une tambien para hacerse la foto; intercambiamos buenos sentimientos los dos italianos y yo, y nos despedimos con un vibrante Buen camino a Tutii!!

Quedan pocos kilómetros y me encuentro con Ulrike una walkiria que viene sola desde Saint Jean Pied de Port, y busca un albergue que le ayudo a encontrar. He llegado a Triacastella ymi pensión, Villasante, está como siempre al final del pueblo. Me acerco a la misa del peregrino en la iglesia románica, que dice el cura Augusto, que bromea con que no esta siempre “tan a gusto”. Insiste en que somos muy frios y reparte abrazos a diestro y siniestro. Ha llenado el pueblo de carteles de la misa de los peregrinos y, sea por esa o por otra razon, la iglesia, que no es pequeña, está a reventar. Levanta a cinco peregrinos para que lean una oración cada uno en un idioma distinto (hay suecos, alemanes, italianos, franceses y de bastantes más sitios). Ceno en la calle principal, llena de caras conocidas y sonrientes, y me atiende Rosa, con un pelo rastafari increíble, que me asegura que todo ese pelo es suyo “hasta que se lo corte” y posa (me dice que no sabe como ponerse) para que le haga una foto y se la envíe. Me voy pronto a dormir. Mágico y duro: el camino en esencia.

miércoles, 18 de agosto de 2010

La magia del camino del perdon a O'Cebreiro

Cuenta la leyenda que el Camino de Santiago se hace vivo o muerto. No se trata de que haya que hacerlo aunque uno se muera por el Camino, aunque hay muchos testimonios de gente que ha muerto haciéndolo (el mas celebre fue el del Duque de Aquitania que cayo fulminado en el instante de darle el abrazo el santo al llegar a la catedral y creo yo, que siguió dándole el mismo abrazo en la otra vida). En realidad, nos han llegado pruebas de que nobles antiguos que no habían hecho el camino en vida, dejaban legados en su testamento, con la condición de que el legatario lo hiciera por ellos. En estos pensamientos estaba el miércoles cuando iba a comer y coincidí con un amigo caminante y hablamos de la entrada a Lugo por el Bierzo. El jueves, después de tratar de ordenar algunos papeles de la oficina y aprovechando la inacción de estos días centrales del ferra agosto madrileño, salí disparado a las seis y diez a Vega de Valcarce a hacer las etapas previas a Sarria, que en el ultimo Camino, en junio, me había quedado con ganas de conocer.

Por telefono no encontré alojamiento en O Cebreiro. Al fin, conseguí un sitio en la pensión Fernández y otro en Liandre, en el que la señora, con algo de sorna, me dijo que me esperaba alli si es que me daba el cuerpo para llegar. Cuando le explique que el cuerpo me daba para bastante mas que eso, ella me justifico que el Camino este año estaba lleno de turistas que se pretendían caminantes y que fracasaban indefectiblemente.

En algo menos que tres horas y media estaba ya en Vega de Valcarce. El autentico señor Fernández en persona, un señor bastante mayor, y la mucama brasileira me esperan. La pensión no tenia mala pinta por fuera, aunque por dentro creo que he tocado fondo en lo que se refiere a pensiones. Los quince euros no parecen mucho, pero cuando entro en el cuarto, la pensión resulta cara.

El pueblo esta lleno de banderitas, que afortunadamente deben de haberse quedado de una fiesta anterior y posiblemente sigan ahí hasta la próxima. En la calle no se ve un alma y compruebo que no se cierne amenaza de ninguna actuación en el pueblo, de alguna de esas bandas que salen de sus escondrijos en verano y se encargan de que nadie –salvo anacoretas- llegue a conciliar el sueño en todas las múltiples fiestas populares que se suceden a lo largo de toda nuestra tierra. Busco sitio para cenar. Al fin dos señoras con acento canario y sentadas delante de un establecimiento con un cartel de "Cerveceria canaria" (no tengo idea de que es lo que tendrá de especial la cerveza canaria, si es que existe alguna) dudan de que haya algo abierto para cenar. Una chica que encuentro cruzando un puente me da mejor información. En el Mesón las rocas ya estaban cerrando cuando llego a las diez y veinte. Un poco mas lejos, el mesón Sarracín una mesonera, con un niño, me atiende rapida y eficaz. Me pone una ternera asada extraordinaria y todas mis dudas se despejan.

También me da una guía con la que cambio mi plan de ir a Liandre para tratar de llegar mañana a Triacastela, que esta como veinte kilómetros mas lejos pero que me permitiría llegar bien y pronto a Sarria al sábado.

Duermo mal, en una habitación limpia y triste, con un lavabo, una luz y un espejito
Por la mañana desayuno en el mesón del cazador, donde solo hay un bollo casero poco apetecible. Cojo una servilleta de papel y en ella empiezo a sellar. Sigo el rio. Me sale al encuentro una parroquiana anciana que camina rápida al cementerio con unas flores. Nadie más en la calle. Me pasan unos ciclistas, el ultimo se para a mi lado y me pregunta si tengo una gorra para el sol, lo mejor del camino es la camaradería. Son las ocho de la mañana y sigo el curso del río, que va al lado de la antigua carretera de la Coruña. La mañana es fresquita. El castillo de Sarracín es impresionante, recorta el horizonte y tiene un aspecto de Mordor que debía aterrar a los que antaño pasaran por este desfiladero. Se dice que hasta las aguilas temen cruzar por él.
Me sorprende la vista desde abajo de los puentes de la nueva autopista. También la cantidad de casas medio arruinadas y algún establecimiento cerrado que se venden. Serpenteas el río, por el que cruzo varias veces en unos puentes, que en los letreros dicen que son romanos, aunque las barandillas de hierro son bastante mas modernas.
He llegado en llano a Herrerias, donde hay un hospital de los ingleses, de la guerra de la independencia, y pasado el pueblo elijo la senda a la izquierda y dejo la carretera. El camino se llama la senda del perdón y el arrepentimiento se vuelve tortuoso y angosto. Caminas sobre rocas y raíces y hay como dos kilómetros especialmente duros. Al principio voy fresco con las manos en los bolsillos. Luego me prometo parar y beber en el primer pueblo, que resulta ser Faba, donde bebo un agua helada de una fuente. Hay un cartel de tienda, que esta cerrada y pregunto a un vecino si habra un baston, que me olvide en Madrid y que en esta subida si que lo echado de menos. Jesús me dice que me regala uno, se mete en su corral y saca un palo que limpia con su azada. Le agradezco mucho el gesto, sonrie y me da la mano de un hombre que no esta acostumbrado a darla. Me dice que lo peor ya ha pasado. Con esa esperanza, sigo subiendo y en seguida me encuentro con un cartel de O Cebreiro a 4 kilometros. La subida sigue siendo muy cuesta arriba pero, o yo me he acostumbrado o ya me veo en la cima; voy volando. Me encuentro con un grupo de mujeres que comienzan a cantar soul, me pongo a su lado sonriendo y me dicen que son de un coro, sus voces acompadas me acompañan mientras aprieto el paso. Cada instante tiene algo especial; el Camino saca lo mejor de cada uno. Es el no pain no glory, que en este caso se hace gospel. Paso por la Laguna de Castilla y vuelvo la mirada al escenario que tengo atrás y me despido de Leon. Las montañas son majestuosas y las rocas antiguas. Estoy en Galicia.
Las vistas se hacen impresionantes a cada momento mientras el sol se adueña de todo el cielo. La previsión era de nubes y claros pero aquí lo unico claro es el solazo que, aunque te ofrece una visión espectacular de la subida, no suele ser el mejor compañero para una caminata. De las nubes ni rastro. Subo a cielo abierto y de pronto se me cruza a traición un viento más que fresco que me recuerda las advertencias de los caminantes sobre el frio que siempre hace en O'Cebreiro y vaya! me alegro de que haga sol.
He tardado en subir los doce kilometros de la primera etapa del dia dos horas y media, lo que me parece todo un record. En una carretera circular me topo con dos guardias civiles y una enfermera que se sorprenden cuando les digo buen camino, y luego unas monjas que creo que han salido de una furgoneta. El resto son italianos y alemanas. Bueno no todos; una chavala rubia a la tomo por nordica esta pegando retratos de ... de La Macarena en la iglesia. Le pregunto y me contesta en perfecto sevillano que es que ella es macarena, y me presenta a su hermano y a sus padres como macarenos. La iglesia de O Cebreiro es prerrománica como todas las que encontrare el resto de la jornada. Se venera el caliz del milagro del siglo XII con su relicario de los Reyes católicos. Cuentan las cronicas que en la consagración el pan y el vino se convirtieron en carne y sangre en las manos de un cura descreído que habia despreciado a un aldeano que habia subido en plena tormenta. En la iglesia me miran con extrañeza cuanso saco mi servilleta de papel para sellar, me sellan pero me dan una credencial para que siga sellando en ella el resto del camino.
El pueblo tiene sabor y desde luego apetece quedarse a pasar el resto del dia, El entorno es magico. Unas sidras y unos cacahuetes en la tasca con Vanesa y Puri, dos chicas de Ermua a las que adelanté en la parte mas dura de la subida, y una vuelta por las pallozas prehistoricas reconstruidas en las que vivian animales y personas todos juntos. Después estoy preparado para seguir. Son las doce menos veinte de la mañana y nos hemos venido arriba y de que forma!

martes, 10 de agosto de 2010

Construyendo caminos por Asturias

Esta ha sido una semana grande, llena de grandes montañas y de trabajos no pequeños, de playa, de luz y de canciones, … sobre todo de canciones y de amigos, y de flechazos. Lo mejor con diferencia ha sido nuestro equipo Panamá; en el que hemos trabajado un montón y reído dos. Y alguno nos hemos reencontrado con la ilusión, esa que algunos días tienes que pintarla o inventártela.
Sin pensarlo mucho hicimos nuestro equipo el domingo por la tarde, cambiándonos de los sitios que teníamos reservados, y pensándolo poco, nos pusimos nombre el lunes. Y el martes, sin pensarlo tanto, nos fuimos a cantar a la iglesia, y sin pensarlo nada ya estábamos en el Cazo aquel tan precioso como empinado.
Todavía menos pensaban los del Cazo, que no se acababan de creer que unos pijos de la capital- no de Asturias, sino de España- fueran a hacerles la bajada a su cementerio, para que sus muertos no acabaran haciendo el descenso del Sella. Por ellos, hubiéramos comenzado… el día menos pensado, … ese que terminaría después de todo, por que habría empezado nunca.
Algunos del grupo seguramente no nos han entendido, pero... ya he perdido la cuenta de las veces no me han entendido y ahora ya es tarde para preocuparse mucho.
No creo que se pueda decir que hemos aprendido un oficio, a pesar de los esfuerzos del ingeniero jefe Guinea -que terminó siendo Papagús- pero al menos si hemos tenido una iniciación a la albañilería básica que bien pudiera terminar en una vocación a la construcción de catedrales o, quien sabe! ... ¿Son más fáciles?, de pirámides.
Desde luego lo que si hemos hecho es un curso de conducción por carreteras de montaña, siempre al borde del precipicio.
Después del mirador del Fito -en el que nos tomaron como el único instituto de Tarrasa castellano hablante-, nuestra mañana playera, con un mar espectacular, la escapada al puente romano, han sido planes increíbles, inolvidables. También las pozas del rio Hodra en las que algunos volvimos a nacer en una especie de bautismo que a punto estuvo de ser de sangre.
La vida -eso todavía no lo sabéis vosotros- son cuatro días, y de éstos, merece la pena que haya algunos tan felices, llenos de detalles, de canciones -voy a ver a mi Cocoou, voy al Missisipi…- y de sonrisas
En fin, amigos sois un descubrimiento, sin duda, el mío de este año
Muchas gracias
Javier

sábado, 31 de julio de 2010

Elvis Costello en el oeste

En la ecléctica programación de los Veranos de la Villa destaca este año la vuelta de Costello con The Sugarcanes, el grupo que ha formado para su nuevo disco y gira. Viene reconvertido en Harold Lloyd, con su mismo sombrero de los años veinte, aunque conserva sus gafas de concha de siempre. Es una gira especial, ya que trae la intención de pasearnos por la música americana de principios del XX, al que ha dedicado su último disco, grabado en Nashville y producido por el famoso T.Bone Burnett.
Por cierto que esa vuelta a los origenes americanos (de este músico inglés, aficionado también al futbol, pero de conocimiento enciclopédico que incluye una particular devoción por el western country) ocurre cada algo más de diez años. Seis músicos con instrumentos tradicionales y sin percusión acompañan a nuestro genio que nos mece con su voz y su buen gusto prodigioso. Desgrana algo de su último disco y nos regala algunas versiones, una de los Beatles (genial You've got to hide your love away) el Friend of the devil de Grateful Dead y una última de los Stones, sonando como debían haberlo hecho en el french quarter de New Orleans en los felices veinte. De pronto inicia una casi irreconocible When I write the book y después la enorme Allison. Elvis nunca defrauda, incluso cuando arriesga, como ha hecho esta noche. Elvis cada vez más grande.
Ha sido éste otro largo jueves, aunque reconozco que el miércoles fue más largo con la celebración veraniega de nuestro observatorio (la terraza del viajero, las vistillas, casa botin, donde Gloria, famosa en esa casa, nos invitó a una clásica pero fantástica cena, para acabar dándolo todo en el Berlin Cabaret, lleno como siempre de guiris y donde estaba actuando -cielos!- Paco Clavel).
Abrazos.