lunes, 24 de mayo de 2010

Nuevo éxito de Seattle


















Lo de Clamores fue un clamor. El sonido espectacular. Quico se estrenaba como front-man todo el concierto y desde luego hizo un derroche. Yo estrenaba mi superpedalera GT10 y mi guitarra sonó como nunca.
El público, algo más mayor y aparentemente menos rockero de lo habitual se puso a bailar a las doce de la noche y no paró de cantar y bailar hasta que paramos nosotros a las dos y cuarto. El bateria y el teclista de la ocasión estuvieron a la altura. Al final parecía que nunca nos iban a dejar irnos. Así es la vida de la carretera.
Empezar la semana un lunes así y cenar en casa a las tres y media de la mañana tiene sus inconvenientes, pero no hay dolor.
El 12 de Junio tocamos en el Rei Louie de Majadahonda: esta vez los Seattle al completo. Os esperamos.
Abrazos Javier

viernes, 21 de mayo de 2010

Los Beatles en la Torre de Esteban Hambran







Una mañana radiante de un sábado de este mes de mayo, que nos ha dado una de cal y unas cuantas de arena, nos hemos ido a un pueblo coqueto que se llama La torre de Esteban Hambrán, de Toledo aunque en la carretera de Extremadura, donde tiene casa solariega una familia que se hace querer, y donde se bebe todo un vinazo, con cuerpo y personalidad, el Alonso Cuesta, D.O. Méntrida. Esteban y Hambran al parecer son dos señores distintos. Uno el moro que vivía antes y otro el castellano que lo sustituyó.
El día era el de la fiesta de la Virgen de Linares. Al parecer esta virgen era patrona de este pueblo y del de al lado, que disputaban entre si. Finalmente la Virgen se decidió por la Torre debido a que los de este pueblo batieron en justo duelo a los vecinos tirando de una cuerda; la Virgen, como madre, siempre se preocupa más de los más brutos.
Paseo por las viñas y el campo. Estupenda comida y sol en la terraza en donde un grupo de buenos amigos recuerdan las fiestas y las bodas, aquellas preguntas de primerizos y consejos inocentes. Por fin, una vez llegada la Virgen a la Iglesia parroquial, casi catedralicia, y celebrados los actos propios en la plaza, nos vamos a la fuente vieja. Antes en la habitación de los sombreros los sacamos todos -los hay de todos los sitios y épocas- y nos hacemos un montón de fotos que algún día nos arrancarán una sonrisa de nostalgia.
Son las ocho de la tarde, la explanada está rebosante de gente con todo el pueblo vestido de domingo y la banda municipal nos recibe con un inesperado y sentido Michelle, que me emociona, que continua con el irremediable Yesterday y un más pachanguero Obladi Odlada, que siempre me hizo desconfiar de Paul como compositor, a pesar de todo, mientras que Blanca, exultante, saca a bailar a los mozos del pueblo y Juan, en su salsa, nos presenta a sus fuerzas vivas. El que más y el que menos sigue el ritmo con los pies, con una caña en la mano, y yo recuerdo tantas fiestas con tantos Beatles en cada pueblo.
La noche siguió de bar en bar, hasta que ya a la una y media, ya en la casa de nuestros amigos, en el fragor de la ensalada, se me ocurrió ponerme a cortar tomate con un cuchillo más propio de Psicosis y me rebané el dedo gordo de la mano izquierda con el susto inicial pero también el regocijo de la concurrencia. Aunque pudo haber dudas sobre llevarme a urgencias, al final la hemorragia se cortó; de ésta no me he muerto.
Me corrige en su comentario Miriam, que me salvó el dedo apretandolo con el filtro de varios cigarrillos (para que luego digan que fumar es tan malo). Según ella, nadie se rió del corte, aunque me recuerda que el regodeo se debió a mi ulterior ataque de hipo que sirvió como fin de fiesta. El hipo está en un alto puesto, dentro de las humillaciones humanas, quizás justo después de la pérdida de los galones, que arrancaban de la guerrera del oficial traidor en las peliculas de indios. En fin, en mi crónica inicial había omitido la parte final menos vistosa.

En mi vida, como en la de tantos conciudadanos, las fiestas de los pueblos han sido siempre una ocasión repetida cada año de hacer alguna locura, cambiar el ritmo –a más- hacer el macarra con los amigotes, disfrutar y, según el momento y la situación, ligar con las vecinas o, mejor, con las foráneas, aunque yo como foráneo estaba cómodo con ambas.
En las fiestas vivías una libertad inevitable y casi náufraga, por el mismo hecho de que ningún control familiar era eficaz: estábamos de fiestas y sólo se sabía que acababan tres o cuatro días después, un domingo por la tarde, y que seguramente era mejor no preguntar hasta el lunes al mediodía.
Recuerdo una vez que, al volver de las fiestas de Cercedilla, a las que íbamos todos los años invitados por Alberto, llegué a dormir del domingo a las doce de la mañana al lunes a las ocho, sin interrupción. Eran tiempos felices en los que uno podía recuperar así el sueño que faltaba de los días anteriores. En una de esas noches Luís - un amigo del Colegio que acabo de volver a ver treinta años después- y yo juntamos todos nuestros ahorros, doscientas pesetas, y joviales compramos lo que nos dieron en la licorería; una botella de vermut y otra de moscatel, que nos apretamos sin piedad a lo largo de esa noche. Durante muchos años no he vuelto a probar tales brebajes y ahora los tolero no sin cierta aprensión.
Todo era poco. Los amigos, las amigas, las bromas, la explosión de alegría, seguramente ficticia pero desde luego efectiva, se producían ininterrumpidamente en unos días fugaces pero inolvidables.
En fin, muchas aventuras, bastantes memorables, algunas de las que no estar tan orgulloso.
En cualquier caso, las fiestas se llenaban de chicas, bandas de música y grupos de rock, y de amigos ocasionales, entre los que algunos avanzaban por el mal camino y del pegamento ya habían pasado ese año a sustancias menos benévolas. Pero siempre había un momento para all my loving o let it be.
En una vida sin sueño, los Beatles han sido una y otra vez la banda sonora de tantas ilusiones.
Los Beatles eran nuestro sueño adolescente, del que algunos, por momentos, no nos hemos despertado. En fin, una vida sin ilusiones, no es vida, no?
Abrazos
Javier

domingo, 16 de mayo de 2010

Seattle en el Clamores

Clamores es uno de esos templos de Madrid, por la zona de Bilbao, por donde hace muchos años algunos hemos pasado muchas noches de música. Uno de esos sitios que dan caché al historial de un grupo.
Desde hace meses sabíamos que ibamos a tocar el 17 de mayo, que por fin ha llegado y, nada más y nada menos que para tocar en esa sala.
La formación del grupo es algo atípica, Jose y Ricardo están fuera por trabajo, en Polonia (aunque en sitios muy distintos). Quico se pone al frente de la banda y se nos une Tony be good a la batería y un músico como Alex, al piano.
En fin, esta tiene toda la pinta de ser otra gran noche de rock and roll.
Javier

lunes, 10 de mayo de 2010

Iggy Pop, con cuerda para rato

Nunca había visto a Iggy Pop en vivo, aunque el plástico de Raw power, del que por cierto tocaron bastante esa noche, está dentro de mis discos preferidos desde siempre. Nos acercamos a la Riviera mi amigo Jesús y yo a ver al monstruo que, a media distancia, sigue teniendo maneras y formas de jovenzuelo. Con el torso desnudo y un pantaloncito que se le caía a cada momento con cierto regocijo del público. Ahora al menos no se corta ni sangra sino que se limita a seguir tirándose encima del público (con lo que debe doler a los sesenta y tantos) y a moverse frenéticamente durante una hora y cuarto de concierto.

El concierto empezó con el Raw Power y Search&Destroy y se convirtió en una combustión instantánea de Iggy, que a las once menos cuarto se retiraba –no se si a que la pusieran una transfusión-, mientras ponían música de ambiente y encendian las luces.

Que a sus años se ponga a cuatro patas mientras canta I wanna be your dog, es raro en cualquiera pero no en él. Que llene la escenario de público, que se tire por el suelo. en fin es Iggy que venía con la selección mas stooge de su carrera. Muchas grandes canciones sonaron esta gran noche como el Kill City. El sonido extraordinario, las guitarras de James Williamson perfectas. En fin, son la versión seria y profesional (iba a decir respetable, pero eso es mucho) de sus aprendices, mucho más famosos, los Sex Pistols. Gran noche, corta pero intensa.

lunes, 3 de mayo de 2010

Farrah a lo grande


El concierto de los Farrah fue como siempre efectivo y vibrante, en la sala Moby Dick a la que nos acercamos los fieles de la escuderia Rock Indiana con Pablo a la cabeza. Hace semanas me encontré con verdadera sorpresa la reseña del disco de Farrah en el Uncut, donde le daban nada menos que cuatro estrellas, lo ponían por la nubes, y reconocían las evidentes influencias de Paul Mcartney. Para la revista se trataba del gran debut (pocos iniciados tenemos los tres primeros discos de Farrah) de un nuevo grupo. Estaba en Inglaterra y todavía no tenía el disco, por eso el concierto del Moby era la gran ocasión, para presentar su disco y recoger algunos de sus hits anteriores.

A veces cuando llega el éxito de un grupo que de una u otra forma era de los tuyos, junto al entusiasmo de que por fin vayan a ganar dinero y ser reconocidos, puedes encontrarte que el camino elegido para vender puede apartarles de lo que eran.

Hoy su sonido está mucho más cuidado, enriquecido. Las voces predominan -han aprendido a cantar-. Se ha americanizado, al estilo de los que fueron The wings de Paul Mcartney. La verdad es que me gustaban más cuando sonaban a la nueva ola inglesa y a la urgencia de los primeros discos de Elvis Costello o Joe Jackson.

De todas formas, este último disco sigue siendo muy bueno y si hay justicia en ésto (es que la hay?) deberían colocarlo entre las listas de los más vendidos en algún país europeo más evolucionado que el nuestro. En fin, junto a las muy comerciales -aunque no desdeñables- Setereotypes o Swings&roundabouts, están otras canciones magníficas como Last of the innocents.

Mucha suerte! Abrazos

Javier

miércoles, 21 de abril de 2010

El descontrol y la melodia: Sonic Youth en Madrid


Sonic Youth fueron en mi caso una pequeña revolución en unos años ochenta de total confusión. El punk, y el algún modo el alter-punk, ya nos parecían una bengala tan estrepitosa como fugaz, salvo grandes como The Clash o The Jam, y unos pocos más. La música de baile era un divertimento, digno si se quiere pero en su mayoría puramente comercial y totalmente insuficiente. El ruido parecía crecer y el no wave y el hardcore eran una reacción lógica frente a tanto exceso nuevo romántico y tanta ñoñería pop. De esa época son Husker Dü del gran Bob Mould que llegaron a matizar su sonido hasta un genial Candy Apple Grey (hace cuando que no lo escuchamos?), cuya importancia nunca se debería olvidar y debería ser asignatura obligatoria para tanto punky con zapatillas Converse.

La propuesta noisy de Confusión is sex, de 1983, fue demasiado para mí, aunque, en mitad del ruido, anticipaba un giro que nos los hizo aceptables unos años después, en su Sister del 87. El primer disco que me compré de ellos, y al que le dedique atención de verdad, fue el Daydream Nation del año siguiente, con el que entraron en la historia del rock. Tenían por fin un conjunto de grandes canciones: todavía hoy es el disco que pongo de ellos por defecto, si no tengo pensado otro. Contra todo pronostico, y por la ausencia del bajista de la gira, con el que han grabado The Eternal, ese disco protagonizó buena parte del concierto del lunes. Luego el Goo y el Dirty me tuvieron colgado en los años sucesivos, hasta que Experimental Jet Set, … que salió recien nacida Coco, la hija de Kim y Thurston, me empezó a cansar.
A mediados de los noventa, los vi en un concierto en Madrid en el que tocaba el inquilino comunista de telonero. Mientras tocaban éstos últimos, una chica se subió al escenario y se tiró encima del público… el público se hizo a un lado y la pobre se pego la gran bofetada de su vida; se la tuvieron que llevar entre varios. Supongo que quería emular a Courtney Love. Después y a pesar del tiempo transcurrido, los discos siguientes me han seguido pareciendo interesantes, hasta llegar el año pasado a The Eternal, que fue una agradable sorpresa.

El lunes, después de una junta general, llegué tarde a casa y sin pensarlo me fui a la Riviera. Le regale una entrada a alguien en la puerta –estaban agotadas, me sobraba una y llegaba tarde- la sala estaba de bote en bote. Los SY son un estado de ánimo y sus canciones son sensaciones sónicas, que te llevan sin tregua del caos a la calma. Siempre me sorprendió lo que son capaces de hacer en directo. Siguen teniendo presencia y actitud, casi treinta años después. Kim como front-girl al bajo muy atractiva con su mini, aunque ya no cumple los cincuenta. Repasaron muchos de sus éxitos de siempre. Sonaron el antiguo Death Valley 69, sin piedad, o Schizophenia. En fin, este lunes por la noche cuando salí de casa estaba muerto y me dolía la cabeza; con este concierto, de una hora y media, corto aunque muy intenso, he recuperado cuerda para rato esta semana.
Abrazos.
Javier

domingo, 11 de abril de 2010

David Bazan con sus dudas

Un magnífico disco lleno de declaraciones quizás algo pretenciosas, el Curse your branches, el último disco, recien editado, de David Bazan, un yankee simpático de Washington, anterior lider de Pedro the lion, que hay que conocer. El disco se abre con un pasaje sonoro que pretende tomar vuelo y permitirnos contemplar la tierra a cierta altura: hard to be ... a decent human being. Canta de forma que nos retrotrae al estupendo loco Adam Green. Se dobla las voces mientras en un aire optimista, por más que se ponga a contarnos todas sus dudas y sus problemas con lo que llama las explicaciones mágicas. Mucho más pegado a la tierra es la siguiente, Bless this mess, con una letra desencantada que, sin embargo, se contiene en la música alegre para disfrutar un dia como hoy en que hemos recuperado el sol que teníamos medio perdido. Este desde luego ha sido un fin de semana para pasarlo al aire libre, rodeado de buenos amigos, y esta es una gran banda sonora para ello. Curse your branches y please baby please son buenas canciones. Me gusta el ritmo más roquero, las guitarras y los coros de When we fell. Sin duda, la balada que va flotando hasta que el disco feliz y lleno de dudas se desvanece; lost my shape.
En fin, un buen disco para recuperar la primavera que parecía no tener tantas ganas de llegar (hoy casi ha llegado el verano!) El martes 13 Farrah viene a celebrar mi cumpleaños al Moby. Abrazos. Javier